En unos momentos mas, se iniciará la sesión del Congreso en la que abordaran la propuesta de liberar en favor de los trabajadores afiliados al SPP, el 25% de sus fondos acumulados. Esta es una propuesta que se origina en la necesidad de la población de acceder a mecanismos de atención económica a sus necesidades básicas.
Son diversas las posturas que hemos escuchado en torno a este delicado tema. Van desde la justificación coyuntural por la que atravesamos hasta el peligro del quiebre del sistema. Lo cierto es, que ambos extremos son de algún modo razonables y entendibles pero debe abordarse otros factores que se han postergado en su atención y que hoy deben ponerse en la mesa de discusión.
De un lado debemos reconocer, que somos una sociedad de muy poca cultura previsional, no solo en relación con la disciplina personal y familiar que deberíamos tener en nuestro subconsciente desde muy temprana edad, sino además la mentalidad a veces extremadamente consumista y no ahorrativa del común de los ciudadanos, que los expone a futuros inciertos.
De otro lado, la actitud gerencial de las AFP unida a un débil sistema legal que las rige, ha provocado la combustión social de la poca credibilidad en ese sistema, donde si las inversiones producen pérdida, el que pierde es el trabajador afiliado, mientras que las AFP siguen siendo premiadas con sus comisiones inamovibles.
Si a esto sumamos, que gran parte del flujo de efectivo de las AFP se direccionan a sus relacionadas entidades bancarias, bajo la modalidad de créditos y préstamos, con tasas de interés mucho menores a las que esas entidades bancarias, cobran por sus colocaciones en el mercado, a favor de los mismos trabajadores aportantes, no es difícil entender la combustión.
En los extremos, vemos defensores y detractores de ambas posiciones, y hemos tenido que llegar a una circunstancia en la que la herida de nuestra economía se ha dado a conocer, sin que ello signifique que recién se ha producido. Pasaron varios gobiernos y congresos, y todos miraron hacia al lado opuesto del problema, pero nunca lo encararon.
Hoy necesitamos, en primer lugar mucha calma y serenidad, pero por sobre todo, inteligencia y sabiduría política, gubernamental y empresarial, así como social, frente a una situación que verdaderamente puede tener consecuencias insospechadas, sino actuamos diligentemente. Negar la disposición de los fondos puede agravar el problema; utilizarlos sin disciplina, nos puede hundir.
Es el momento especial, en el que empresarios y trabajadores debemos sacar a relucir lo mejor de nuestro talento y disposición para enfrentar esta crisis. Si asumimos posiciones irreductibles y extremas, todos perdemos. Si por el contrario enfrentamos inteligente y fraternalmente como sociedad culta y madura esta situación, el PERÚ habrá triunfado ante la adversidad.
Rubén L. Del Rosario G.
Gerente General
EQUIDAD CONTABILIDAD & TRIBUTACIÓN S.A.C.